Arqueología de la mente: aprender griego y latín desde dentro
Por Andrés Leonardo Reyes Cabrera
El 4 de noviembre de 2025 participé en el III Congreso Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje de Lenguas Clásicas, un encuentro académico organizado por la Universidad de los Andes, la Universidad de La Sabana y la Universidad Nacional de Colombia, que reunió a especialistas de diversos países para reflexionar sobre los retos contemporáneos de la pedagogía del griego y el latín.
Presenté una ponencia en coautoría con el Dr. Edgar Antonio Bulla Rodríguez, investigador de la Facultad de Psicología, resultado de un trabajo conjunto que hemos venido desarrollando sobre las intersecciones entre neuropsicología cognitiva y enseñanza de lenguas clásicas. Nuestra propuesta parte de una pregunta central: ¿Cómo aprenden realmente los estudiantes una lengua antigua y qué ocurre en su cerebro durante ese proceso?
A lo largo de la presentación mostramos que el aprendizaje del griego y el latín no depende únicamente de la memorización o del estudio sistemático, sino de la activación de diversos mecanismos cognitivos: memoria de trabajo, evocación fonológica, atención sostenida y procesos de switching lingüístico. Los estudios neuropsicológicos permiten entender mejor cómo estas funciones interactúan entre sí cuando un estudiante se enfrenta por primera vez a un sistema lingüístico desconocido.
La ponencia examinó cómo, desde la psicología cognitiva, la identificación de los circuitos neuronales implicados en la decodificación del lenguaje antiguo abre la puerta a estrategias pedagógicas más eficaces. Hablamos de categorización semántica, activación del córtex prefrontal y organización de la información en redes asociativas como herramientas que potencian el aprendizaje y reducen la carga cognitiva de los estudiantes.
En mi intervención abordé la dimensión filológica, hermenéutica y cultural del estudio de las lenguas clásicas. Recordé que ni el griego ni el latín son meros sistemas formales: son tradiciones de pensamiento que exigen integrar habilidades gramaticales con sensibilidad histórica, comprensión textual profunda y una apertura hacia la riqueza espiritual y conceptual transmitida en sus obras.
La colaboración entre psicología y teología permitió mostrar un camino novedoso para la enseñanza de lenguas antiguas en la educación superior. Esta mirada interdisciplinar articula la rigurosidad científica del análisis cognitivo con la hondura cultural y simbólica de los textos clásicos, y se convierte en un modelo que puede inspirar nuevas metodologías formativas.
Otro punto clave fue el papel de la motivación intrínseca. Constatamos que los estudiantes aprenden mejor cuando comprenden el sentido formativo y cultural del griego y el latín: cuando experimentan que estudiar estas lenguas no es un requisito académico, sino un modo de entrar en contacto con las raíces del pensamiento occidental. Desde esta perspectiva, la enseñanza deja de ser un ejercicio técnico y se transforma en una experiencia de descubrimiento intelectual.
También subrayamos la importancia de ambientes de aprendizaje participativos, lectura guiada de textos originales y el uso de estrategias multisensoriales que disminuyen la ansiedad lingüística, fortalecen la retención a largo plazo y estimulan la creatividad interpretativa.
Participar en este congreso fue una oportunidad invaluable para compartir una visión renovada sobre la enseñanza de las lenguas clásicas, marcada por el trabajo interdisciplinar y por la convicción de que el diálogo entre ciencias cognitivas y humanidades puede transformar las aulas. El evento reafirmó la importancia de seguir construyendo puentes entre psicología, filología y teología para enriquecer la formación universitaria y promover un humanismo vivo, crítico y profundo.

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